Formato Editorial: Versión
bolsillo de tapa blanda, con una foto poco acogedora al contenido: un retrato
estilo queso, al que le cuelga un conjunto de números blancos sobre fondo negro
que han de ser ¿una patente? ¿Un código de barras? ¿Una marca inexplicable que
la historia encubre?

¿Cómo llegó a la Proxemia?: Lo ganamos un
fin de semana en la piñata de Mamá y Papá.
En serie con: El campito, Kriptonita.
Animales/ Organismos a los que remite: El imaginario del Tattoo, que se quiere supercool: dragones, halcones,
víboras varias vivas.
Estructura: Capítulos cortos,
rápidos de leer, como de folletín o de best seller. Una atmósfera nostálgica,
de adolescencia tardía-tardía, reflexiones ingenuas con pretensión de
universales. Personajes reducidos a un sobrenombre del barrio (el Guardián, La
Rosa, el Cuervo) y códigos morales propios, de barrio, inquebrantables hasta
que they collapse.
Contenido/ Temas: Literatura con ganas de atrapar a los
jóvenes, una mezcla de moralina con banalización del mal, como si las cosas
malas fueran algo que pasa por romper los códigos entre amigos. Ojo: la
división entre lo bueno y lo malo sí tiene una explicación, aunque el personaje
se empecine en lo contrario. ¡Aguante Bosque Pulenta!
Estilo/ Interacción: Lo que quiere ser una
bomba es un poco más que un petardo que copia una fórmula rendidora para el
Casas post poesía de los 90s. Una prosa llana, sin pretensiones, forzosamente
coloquial.
Punch: No lo sentimos.
Nos preguntamos: ¿Cuánta
energía se necesita para hacer un mal tatuador de la Bond Street?
Nos contestamos: Al
parecer, una novela de Terranova.
Anclaje socio-histórico: El
6 de agosto de 1945 cae sobre la ciudad de Hiroshima la primera bomba atómica,
dándole un fin precipitado a la Segunda Guerra Mundial. En abril de 2010, Juan
Terranova titula su novela “Hiroshma”. Crick, crick.
Estado de la materia: Sólido. Piedra.
Digestión: Indigesto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario